Vamos a irnos… ¡como yo quiero! A propósito de Cataluña

En un vídeo que se ha hecho viral,  un motorista ebrio anuncia: “Vamos a irnos, pero vamos a irnos… ¡como yo quiero!”. A continuación, toma una pendiente a excesiva velocidad, hace volar a su acompañante y se estrella él mismo contra una pared. Algo parecido anunció Artur Mas, presidente de la Generalitat, cuando puso en marcha el proceso hacia la consulta sobre la independencia de Cataluña: Mas anunció que Cataluña iba a irse, y que iba a irse como él quería, y no de otra manera.

Ciertamente, no puedo saber si Cataluña se irá finalmente o no. Tampoco sé si, de irse, acabará tan mal como el motorista ebrio, ni cuántos hierros y cascotes caerían sobre nuestras cabezas si Cataluña terminara estrellándose.  Sí sé que, de irse Cataluña, se irá como Mas quiere y no de otra manera, y que parte de la culpa la tendrá la clase política española, con el presidente del Gobierno a la cabeza. Nuestros políticos se acusan mutuamente de ser demasiado blandos o demasiado duros con el soberanismo y discuten si debemos permitir que Cataluña se vaya como Mas quiere; también discuten hasta dónde debemos llegar para impedirlo, y discuten si debemos impedirlo aplicando la Constitución, o si más bien debemos modificar la Constitución para impedirlo. Sus actitudes son diferentes pero, a mi juicio, todos ellos comparten un error de estrategia: todos dan por buena la disyuntiva planteada por Mas y sus aliados: o se acepta que Cataluña se vaya como Mas quiere, o no se acepta que pueda irse.

Antes de defender una estrategia alternativa, dejaré claro que el nacionalismo me parece una de las ideologías más estériles y anacrónicas, y que igualmente pernicioso me parece el nacionalismo catalán que el andaluz, el serbio que el español, el alemán que el cubano. También creo que uno de los mayores errores de buena parte de la izquierda en el siglo XX ha sido incorporar en mayor o menor grado el ideario nacionalista, o al menos ser condescendiente con él. Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht tenían razón cuando acusaron de incongruencia al SPD por apoyar la entrada de Alemania en la Primera Guerra Mundial, traicionando el espíritu internacionalista del socialismo.

Bueno, ya está. Espero que lo dicho baste para que no se me considere sospechoso de nacionalismo.

Ahora paso a argumentar por qué creo que el Estado español debería convocar un referéndum en Cataluña sobre el asunto de la independencia.

Algunos basan la defensa de un referéndum como el que se propone para Cataluña en la existencia de ciertos derechos naturales. Ahora bien, ¿de dónde provendrían esos derechos? Hay quienes, como John Locke, han sostenido que son otorgados por Dios, pero las justificaciones teológicas no son aceptables como fundamento político en sociedades plurales como la nuestra. Además, aunque admitiéramos la existencia de Dios, aún tendríamos que ponernos de acuerdo sobre qué versión de ese Dios dar por buena y sobre cómo interpretar Sus opiniones en el tema de los derechos. Y si ya resulta complicado reconocer derechos naturales a los individuos, imagínense a los pueblos; pues no tenemos claro ni qué son los derechos naturales ni qué son los pueblos. En concreto: ¿Qué opinaría Dios sobre un posible derecho a decidir de Cataluña? (Quizá Artur Mas no debería fiarse de Dios: un personaje de uno de los Episodios nacionales de Galdós, El equipaje del rey José, sostiene que Dios es español. Mas querría preguntarle mejor a la Virgen de Monserrat).

Creo que no tenemos más derechos que los que acordamos reconocernos unos a otros, ya sea legal o moralmente. No acepto, pues, la existencia de “derechos naturales”, por razones similares (aunque no idénticas) a las que ya expuso Jeremy Bentham hace unos doscientos años.

En cualquier caso, un derecho no existe legalmente si no ha sido legalmente reconocido, y las leyes españolas, empezando por la Constitución, no reconocen el derecho a decidir de Cataluña. Hasta aquí, todo claro. Esto es lo que repiten los políticos españoles que se oponen a la consulta soberanista, y en esto no se equivocan. Ahora bien: una cosa son las leyes y otra cosa el sentido común, y a veces el sentido común puede obligar a cambiar las leyes.

Verbigracia:  ¿qué hacemos cuando nos encontramos con un montón de gente que quiere decidir si Cataluña continúa o no en España? La respuesta legal es que da igual cuánta gente lo quiera, mientras la ley no lo permita. La respuesta del sentido común es: depende de cuán grande sea ese montón. Recordemos, por ejemplo, que Alfonso XIII dejó el trono de España en 1931 porque los partidos monárquicos perdieron… ¡unas elecciones municipales! (y las perdieron, en realidad, solo en las capitales de provincia: en los pueblos ganaron los partidos monárquicos). Ciertamente, el rey no tenía ninguna obligación legal de irse, pero se fue, y seguramente hizo lo más sensato.

Otro ejemplo más reciente: con la ley en la mano, el referéndum del 28 de febrero de 1980 lo perdieron los partidarios del “Sí”. Este referéndum determinó finalmente que Andalucía avanzara hacia su autonomía por el camino del artículo 151 de la Constitución (igual que las llamadas “comunidades históricas”) en vez de por la vía del artículo 143. Pero la Constitución establecía que para ello era necesario que al menos el 50% por cierto de los censados en todas y cada una de las ocho provincias andaluzas votara afirmativamente. Conseguir esto era ciertamente difícil. De hecho, no se consiguió: en Almería “solo” votó a favor el 42,07% del censo (no es que votaran muchos en contra, pero la abstención fue mayor que en otras provincias). Legalmente, pues, el asunto tendría que haber terminado ahí, pero habría sido un escándalo que no se tomara en consideración una opción apoyada en las urnas por casi 2.500.000 andaluces y rechazada expresamente solo por unos 152.000. Así que se cambiaron las leyes que fue necesario cambiar y finalmente el autogobierno andaluz se desarrolló de acuerdo con el artículo 151.

Los partidos que se oponen al referéndum en Cataluña consideran suficiente decir que el referéndum de autodeterminación es imposible porque es ilegal. ¿Seguirán diciendo lo mismo si el 70% de la población catalana apoya el referéndum? ¿Necesitarán que el apoyo llegue al 80% para ceder? Pues el porcentaje no para de subir, y más subirá mientras se siga creyendo que es posible parar las ilusiones solo con leyes.

La proclamación de la Segunda República, el 28 de febrero o la reciente “primavera árabe” muestran hasta qué punto la ilusión de la gente puede saltar por encima de las leyes; y en los últimos años el número de gente ilusionada en Cataluña por la posibilidad de la independencia no ha parado de crecer. Quizá los independentistas no han ganado, en lo tocante a razones, a los partidarios de seguir en España, pero sí parecen haber ganado la batalla de las ilusiones. Frente a eso, los políticos más duros invocan las leyes, pero esta estrategia parece tener el efecto de alimentar esas ilusiones. En cambio, los políticos más blandos están dispuestos a ir cediendo, como han cedido desde la Transición, y proponen un federalismo asimétrico que no satisface a los independentistas y condena al Estado español a seguir sufriendo el chantaje constante de los nacionalismos periféricos.

Frente a esta disyuntiva, existe una voz bastante extendida en la calle que, sin embargo, ningún partido representa: un “si quieren irse, que se vayan; pero si se quedan, que se queden aceptando las mismas reglas que los demás”. Es una voz que puede comprender las diferencias culturales, pero no las asimetrías económicas; una voz que entiende que los más ricos deben pagar más impuestos y los pobres deben recibir más ayuda, sin importar dónde hayan nacido; una voz que entiende que el Estado administra la soberanía que le han cedido las personas, no los pueblos.

Esta voz pediría al Estado español que, igual que el británico en el caso de Escocia, tome la iniciativa y convoque un referéndum en Cataluña, en los plazos que él mismo establezca, y que determine las condiciones en las que se otorgaría la independencia. Pues es el Estado quien legítimamente puede establecer tales condiciones, así como el momento de la consulta y el contenido de la pregunta, y no Mas y sus socios, que, dicho sea de paso, han mostrado cierta inclinación a hacer trampas con las preguntas. Si para convocar ese referéndum es necesario cambiar la Constitución, cámbiese: tenemos un ejemplo reciente de que la Constitución se puede cambiar muy deprisa cuando hay interés.

No nos engañemos: este referéndum que propongo podrían ganarlo los partidarios de la independencia. Pero de esa circunstancia no tendría por qué seguirse ninguna de las catastróficas situaciones que algunos auguran. La independencia de Cataluña tendrá sin duda un coste, y muchos pensamos que de entrada traerá más problemas que beneficios; pero una Cataluña independiente seguramente acabará integrándose en la Unión Europea y estableciendo buenas relaciones con sus vecinos, porque ni a Cataluña ni a España ni a la Unión Europea les interesa otra cosa.

Ahora bien, ese referéndum también lo podrían ganar los partidarios de la unidad de España. Para ello, sin embargo, necesitarían oponer a la ilusión soberanista lo que Ortega llamó, en La España invertebrada, “un proyecto sugestivo de vida en común”.  Esto requeriría, entre otras cosas, renovar la clase política española y reducir el poder de los partidos tradicionales. Además, sería necesario que los partidos pequeños se atrevieran a dejar de repetir las mismas tonterías que dicen los grandes, o al menos a dar cabida a ideas menos esclerotizadas. Si finalmente ese referéndum lo ganasen quienes se oponen a la disgregación del Estado español, esa victoria sería una buena noticia no tanto por el mantenimiento de la unidad del Estado sino, sobre todo, porque indicaría que éste comienza a merecer la confianza de los ciudadanos.

En cualquier caso, si hoy podemos pensar, con más esperanzas que en los tiempos de Ortega, en “un proyecto sugestivo de vida en común” ese proyecto es Europa. A pesar de que el camino hacia la unidad europea no está en su mejor momento, muchos seguimos pensando que ése es nuestro único futuro viable. Si somos capaces de avanzar sólidamente hacia la integración europea, si somos capaces de transferir más y más competencias a los órganos comunitarios, si somos capaces de sustituir las ensoñaciones nacionalistas por un ideal primero europeísta pero, en último término, cosmopolita, entonces la cuestión de que Cataluña permanezca o no dentro del Estado español puede acabar dándonos más o menos igual.

Postdata:

No crean que me hago demasiadas ilusiones con esto del referéndum: los grandes partidos nacionales se aferran a las viejas ideas y parecen tener asegurada una larga vida, con la ayuda de un sistema electoral favorable y unos medios de comunicación mayoritariamente a su servicio. Y en cuanto a que los pequeños se abran a nuevas ideas, ya me referí en una entrada anterior a un comentario de Lilian Bermejo Luque sobre este mismo tema, que Rosa Díez (o alguno de sus colaboradores) retiraron, junto con algunos comentarios más, del blog personal de la líder de UPyD. ¿Habrá algún partido más receptivo?

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Acerca de Javier Rodríguez Alcázar

Soy profesor de filosofía moral y política en la Universidad de Granada. He escrito algunos ensayos de filosofía y una novela (El escolar brillante, publicada por Mondadori) con la que gané el Premio Jaén el año 2005. Tengo dos hijos, Mario y Gabriel, y una novia, Lilian, que también se dedica a la filosofía.

Publicado el 16/03/2014 en Política y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 16 comentarios.

  1. Luis Rodriguez

    Totalmente de acuerdo, hay que ilusionar a los catalanes y al resto de españoles y europeos en el proyecto común y seguir avanzando hacia un proyecto global en el que se optimicen recursos y esfuerzos.Pero por desgracia es más fácil hacer independiente a mi bloque que un proyecto Gaia.

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  2. Javier dos preguntas:

    Par mi al concepto central en todo este asunto es definir que es la soberanía, que una comunidad política y donde yace aquella. ¿No merecería la pena ver también el asunto desde este punto de vista?

    ¿Hay filósofos españoles contemporáneos de relevancia que traten este tema?.

    No se si este tema tiene mucha relación con tu especialidad, quizás pertenezca mas al ámbito de ciencias políticas, pero me interesaría leer tu respuesta.

    Gracias

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    • Efectivamente, Pedro, una cuestión central en este asunto es la cuestión de la soberanía. Este es un tema tradicional tanto de la ciencia política como de la filosofía política. Como en otros asuntos, la diferencia entre las dos disciplinas (aunque las fronteras sean difusas) es que la primera aborda la cuestión desde un punto de vista más bien descriptivo (¿qué se entiende, de hecho, por soberanía?; ¿qué criterios se han utilizado históricamente para demarcar las comunidades políticas?), mientras que el punto de vista de la filosofía política es más normativo, esto es, más vinculado al “deber ser”: ¿qué deberíamos entender por “soberanía”?; ¿qué legitimidad tiene una determinada reivindicación de soberanía?; ¿qué criterios deberían contar para identificar a una comunidad política?
      Estas cuestiones han sido abordadas por muchos filósofos, extranjeros y españoles. Para una discusión en español sobre varias concepciones de soberanía (Arendt, Berlin, Bataille,Oakeshott…) puedes consultar el libro de Domingo Blanco *Principios de filosofía política* (ed. Síntesis), especialmente los capítulos 2 y 3. También puedes consultar el libro de Norbert Bilbeny *Política sin Estado* (ed. Ariel). Yo mismo escribí la voz “Soberanía” en la *Enciclopedia de Paz y Conflictos*, editada por Mario López Martínez (Universidad de Granada). Si te animas a leer en inglés, puedes consultar la voz “Soberanía” en la Stanford Encyclopedia of Philosophy: http://plato.stanford.edu/entries/sovereignty/ . También, siguiendo los textos introductorios, puedes mirar las voces escritas por Buchanan y Doyle para el *Companion to Contemporary Political Philosophy*, de Blackwell, editado por Goodin, Pettit y Pogge (si te interesan, te puedo enviar los capítulos en PDF).
      Yo personalmente simpatizo bastante con los puntos de vista que sobre estas cuestiones matienen los defensores del cosmopolitismo político como Thomas Pogge. Puedes encontrar las referencias de algunas obras de este autor aquí: http://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Pogge
      Mi propio punto de vista está vinculado a mi defensa de lo que llamo “minimalismo político”. Según éste, la función de la política es realizar los fines de los ciudadanos, en vez de impornerlos desde alguna determinada concepción moral o política. Una consecuencia es que las dimensiones de la comunidad política se justificarán por la mejor realización de esos fines, lo que es una cuestión a establecer no por la filosofía o las ideologías, a priori, sino principalmente mediante argumentos empíricos. Ahora bien, mi impresión es que, en línea con lo que defiende el cosmopolitismo político, seguramente los fines de los ciudadanos los realizaría mejor una comunidad política global que los estados-nación. Pero esta ya es una discusión larga…
      Gracias por tus preguntas y un saludo

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  3. ¡Caramba! No se como agradecerte esta detallada respuesta Javier. Bueno si, leyendo las referencias que indicas 😎

    No sabes cuan importante es para un lego como yo poder saber cual son las referencias básicas. Me has dado una gran alegría.

    Respecto a Cataluña el asunto de tu comentario. Pienso que hay cuatro niveles de análisis.

    El de las ficciones, abstractas pero reales, que son los estados y naciones y sus conceptos asociados de soberanía, legitimidad,… El por ti también mencionado de su finalidad histórica y futura, y la solución a la patata no ya caliente, sino ardiente, que tenemos en el noreste peninsular.

    En este ultimo sentido para mi son dos son las cuestiones mas pivotales:

    ¿cual será el futuro de Baleares y Valencia con un futuro país catalán independiente gobernado por un nacionalismo expansivo y envalentonado?.

    ¿cual será el porvenir de la población de habla y sentimiento española siendo gobernada por un nacionalismo que solo entiende al catalán como la lengua natural de Cataluña y que ha elaborado un pasado místico basado en la opresión española?

    Hablo de garantías. Lo que aqui se lidia no es, ni en el caso vasco ni en el catalan, una Escocia sin ambiciones territoriales y con completa inmersión social y cultural en el mundo ingles-anglosajon.

    Y de nuevo, muchas, muchas gracias por las referencias que guardo con mucho interes. Ahora mismo empiezo por leer los enlaces con Plato.

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    • Bueno, que disfrutes las lecturas… Si no tienes bastante con los enlaces y tienes dificultad para encontrar los libros, te puedo enviar algún PDF…
      Efectivamente, los panoramas que planteas son preocupantes. La cuestión es qué estrategia es la más eficaz para evitar una escalada nacionalista que nos lleve hasta ellos. En mi opinión, combatir el nacionalismo con otro nacionalismo es como intentar apagar el fuego con gasolina, y combatir las ilusiones SOLO con las leyes es insuficiente. De ahí mi propuesta… Hasta pronto

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  4. Si te estaria muy agradecido si me pudieses enviar los pdfs. Estos asuntos requieren informarse y tu ayuda, especialmente un un área tan estimulante como la filosofía, es realmente útil.

    De tu comentario comparto la parte analítica inicial. Creo que en la conclusión hay un par de conceptos discutibles.

    Uno de apreciación, nuestro país, nuestra sociedad es desde hace ya tiempo un proyecto razonablemente aceptable y sugestivo pero sobre todo en el tema político muy generoso. El estado autonomico garantiza una autonomía política y económica jamas alcanzada anteriormente y comparable, en términos generales, con cualquier estado federalista avanzado. En pocos años y siendo antes uno de los países mas centralizados de Europa.

    El segundo de categoria, la Union Europea no lo es ni de ciudadanos ni de pueblos sino de estados. No se necesita desarrollar mas si los estados cumplen su objetivo de seguridad y desarrollo. Necesitamos desarrollar nuestro país mas y alcanzar a las economías fuertes del centro y norte de Europa.

    En mi opinión, el asunto catalán, y mas con los nacionalistas vascos mirando aplicadamente, se resolverá en términos prácticos según estableció Abraham Lincoln dirigiendose al Congreso durante la guerra de secesión.

    “¿Debe un gobierno, necesariamente, ser demasiado fuerte para las libertades de su propio pueblo, o demasiado débil para mantener su propia existencia?”

    “Must a government, of necessity, be too strong for the liberties of its own people, or too weak to maintain its own existence?” A. Lincoln http://cort.as/8PNG

    Esa es la apuesta de Mas y Rajoy. Averiguar quien es el primero en tener vértigo y abandona la partida.

    El resultado para la población será el mismo: una sociedad fracturada y posibilidad de sufrir violencia física. Ninguno tiene en estos momentos el recurso del pacto. Mas que lamentable.

    Gracias por tu generosa ayuda y atención.

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  5. He releído mi mensaje y veo que en mi anterior nota no he contestado al argumento de tu ultimo comentario.

    No se esta combatiendo nacionalismo con nacionalismo. Este es el mensaje de los separatistas.

    Yo no veo un nacionalismo español por ninguna parte, veo la lucha por la existencia misma de un estado soberano, en este caso España.

    El parlamento catalán se ha declarado soberano.

    Por tanto se esta combatiendo la existencia de una entidad aberrante dentro de cualquier estado.

    Lo que se niega es la mayor, que exista un estado soberano Cataluña dentro de otro estado soberano España.

    Nadie ha dicho, ni nuestro mismo tribunal constitucional, que no se pueda realizar este tipo de consultas en España.

    Lo que no pueden coexistir son dos soberanías en ningún país. Es imposible se mire como se mire.

    Este es el grave problema creado por la irresponsabilidad de CiU y Esquerra y no otro.

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    • Pedro, ya te he enviado los PDF. Espero que te hayan llegado.

      En cuanto a tus últimos comentarios, algunas puntualizaciones rápidas:

      1. Naturalmente, soy consciente de que el caso catalán no es igual que el escocés, aunque ambos nacionalismos sean igualmente poco edificantes… Tampoco creo que la estrategia de los respectivos gobiernos pueda ser exactamente la misma a corto plazo, aunque a largo plazo creo que buena parte de las irracionalidades que abundan en la política europea (pienso no solo en la actitud del gobierno catalán hacia España; también, por ejemplo, la del gobierno británico hacia Europa…) tienen que encontrar su respuesta en una Europa reforzada en sus competencias y en su espíritu.

      2. La Europa en la que creo no es ni la Europa de los pueblos ni la Europa de los Estados, sino la de los ciudadanos. Las otras dos responden a proyectos de otros tiempos que ya no sirven, creo, para el nuestro.

      3. Estoy de acuerdo contigo en que no puede aceptarse ese planteamiento de los nacionalistas catalanes y vascos que identifica al nacionalismo español como su único oponente. Pero ese nacionalismo ciertamente existe, y es tan corto de miras como los otros. Una respuesta al nacionalismo que se sitúe por encima de éste en el plano moral e intelectual, que no resulte anacrónica en un mundo globalizado y que se haga cargo de la pluralidad ideológica y cultural de las sociedades actuales no puede contentarse con invocar los principios del Estado-nación. Ha de ofrecer algo distinto.

      4. Pretender, como pretenden los nacionalistas catalanes, que los problemas de su tierra se solucionarán desgajando un pequeño Estado-nación de otro mayor es prolongar hasta el siglo XXI una reivindicación del siglo XIX. Pero responder meramente en términos de la indisoluble unidad de la nación española es también dar una respuesta del siglo XIX. Incluso entender Europa como un gran Estado-nación en el que se integren los actualmente existentes, según el modelo federal de los EE.UU., no deja de ser una copia tardía de una solución antigua. Necesitamos propuestas más imaginativas para la arquitectura política de un mundo global en lo económico, en lo ecológico, en lo demográfico…

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  6. No, no me han llegado los pdf, había introducido por error terra.es, en lugar de terra.com. Si eres tan amabley puedes envialos de nuevo.

    Interesante T. Pogge y muy útil su trabajo con Giving What We Can y su valoración de ONGs. No lo conocía. Gracias por la sugerencia.

    En relación con el tema de este comentario. Tu primer párrafo ilustra muy bien la disparatada situación presente.

    Esperemos que en algún momento vuelva a reinar la cordura.

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  7. Javier ¿Usted no vive en Cataluña, cierto?. Si usted viviera la realidad bajo el aplastante peso del aparato de propaganda y educación -o adoctrinamiento, tanto da en Cataluña- de la Generalitat y mantuviera pese a ello su propia forma de ver el mundo, créame que estaría espantado -como tantos aquí que tenemos que pasar desapercibidos- por la simple posibilidad de que tal referéndum se haga realidad. Sencillamente no se dan las condiciones democráticas mínimamente exigibles para llevarlo a cabo.
    Esto es como en la dictadura cubana: para opinar con conocimiento de causa de lo que ocurre en la isla se debería hablar más con los disidentes y no basar las opiniones en lo que dice el Granma y los palmeros a sueldo del régimen. En Cataluña estamos en lo mismo: a casi todos les parece perfecto y normal que todos los medios públicos y privados (subvencionados) apoyen sin fisuras la independencia. Todas las voces discordantes son, bien silenciadas, bien insultadas, desacreditadas o directamente amenazadas (Guirauta ha recibido ya unas cuantas). Si tuviera tiempo y ganas de escribir le podría explicar a usted lo que le enseñan a mi hijo en el colegio, lo que hablan sus amigos (lo que hablan sus padres), las barbaridades que se trasmiten en TV3, en Catalunya Ràdio, en tantos medios de comunicación.
    Con todos los respetos, no tiene usted ni idea de lo que está pasando aquí. Es algo que algún día se estudiará como ejemplo palmario de ingeniería social. Como si Ron Jones tuviera dinero y tiempo sin límites para llevar a cabo su experimento. Y vamos llegando al final.
    ¿Referéndum? Mande la ONU a Cataluña un equipo de observadores que durante , digamos, un año, se dedique a estudiar el impacto de los medios de comunicación, la estructura independendista enquistada en el sistema educativo, el arrinconamiento y pérdida de derechos de los castellanohablantes. Tras ese año, le aseguro a usted que ellos mismos decidirán que antes del referéndum debe hacerse una “desnacionalización” en profundidad. Los catalanes deben saber la verdad. Luego, veremos.

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    • Gracias por su comentario. Efectivamente, no vivo en Cataluña, aunque sigo la información sobre Cataluña con mucho interés y procuro documentarme lo más posible, además de tener allí familia y haber estado allí unas cuantas veces. La última, el verano pasado, cuando me impresionó la presencia que el independentismo tenía en la calle y lo abrumadora que había llegado a ser su voz (mucho mayor que lo que había percibido en anteriores visitas). Naturalmente, soy muy consciente de lo que señala sobre la importancia de la educación y de los medios de comunicación en la creación de un relato identitario que tiene, como todos en mayor o menor grado, mucho de mítico. Y también soy consciente de la situación crecientemente difícil en la que se sitúan las personas que no se identifican con el proyecto soberanista. No quiero, en absoluto, frivolizar sobre nada de esto. Pero me parece que la creciente bola de nieve del independentismo rueda ladera abajo sin detenerse y que necesitamos una reflexión serena para intentar, si no detenerla, al menos minimizar su impacto. Y, como explicaba en la entrada, no creo que baste con invocar las leyes: no creo que eso baste para enfriar esa especie de euforia colectiva que contemplé este verano y que se hacía visible en los balcones de las casas, en las camisetas de la gente… La idea de que el gobierno español recupere la iniciativa y convoque el referéndum, estableciendo las condiciones (entre las cuales se deberían incluir algunas de las precauciones en la línea que usted señala), es ciertamente osada y discutible. Pero me parece que cualquier otra de las propuestas que, desde un bando y otro, se están presentando nos conducen a diversos callejones sin salida.

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  8. Lo mas tremendo de todo esto es la reciente creación de una fractura social que permanecerá, pase lo que pase, mucho tiempo.

    La sociedad ya esta rota. La tolerancia y empatía hacia la ideología nacionalista perdida por siempre. El agravio instalado en todos los sectores de la sociedad.

    Ahora la cuestión clave es que prevalezca quien prevalezca en esta lucha de poderes, una de las dos partes va a acumular una gran frustración.

    Imponer un referéndum sin buscar una negociación y acuerdo previo, declarar a Cataluña soberana, es simplemente buscar la confrontación no el dialogo.

    Un referéndum impuesto, con fecha y pregunta previamente fijada, solo se puede forzar no aceptar como Javier sugiere.

    A estas alturas el estado no tiene otra opción, porque de permitir estos términos dejaría de existir como tal, como ente soberano.

    Como dijo el artista: ser o no ser…

    P.S. por cierto el material interesante, no conocía en absoluto esta aproximación a la política.

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  9. Niego toda legitimidad al nacionalismo catalán,no la tiene.yo nací en Barcelona, y como yo mucha gente que vive en otros lugares de España,pero en una hipotética consulta los que vivimos fuera, por circunstancias de la vida no podráimos votar, pero si podrán votar por ejemplo magrebíes, subsaharianos,etc.No quiero que suene a nada raro,pero mucho ojo con privarme de mis derechos como ciudadano, a mí ya otros muchos, porque si nos prohíben o nos niegan nuestros derechos y se los reconocen a otros ciudadanos,¿en que posición quedamos?¿que hacemos? ¿Hay formación que nos defienda?, mucho cuidado con el tema y mucho ojo con generar ciudadanos con derechos y otros sin ellos.Si hubiera ese referéndum,yo como español exijo mi Derecho a votar, pero como ahora vivo en Granada se me va a prohibir, repito que cuidado con el asunto que no es baladí.Abrazos a todos.

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    • Hola, Federico. Entiendo que a ti, como a otras muchas personas, esta cuestión te provoque una reacción teñida con elementos emotivos, pero creo que es bueno intentar abordarla con cierta calma. Lo que señalas es un problema muy real que se plantea en una consulta de este tipo: ¿cuál sería el cuerpo electoral, sobre qué base legal determinarlo? El dejar la iniciativa en manos de Mas tiene, como señalaba en mi entrada, muchos peligros, y uno de ellos es precisamente éste, que pueda jugar con la determinación del censo en su propio beneficio, amparándose en el vacío legal. En cambio, un referéndum dirigido desde el Estado y por el Estado, como yo proponía, permitiría incorporar dentro de la legalidad condiciones como las que tú señalas, de forma que nadie directamente concernido se quedara fuera. La fórmula legal concreta queda fuera de mis competencias, pero creo que deberían tener derecho a participar tanto los que, habiendo nacido lejos, están censados en Cataluña como aquellos que, habiendo nacido en Cataluña, ahora vivís lejos. Saludos.

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  10. en fin, amigo, javier, usted es un progre. acaso no un progre dañino al uso, pero sí un progre estandar. acaso por eso reproduzca esa cantilena nacionalista según la cuál en España rige un horroroso nacionalismo estatal (desmentido por los hechos, pues España es el país más descentralizado del mundo) y, sobre todo, abone esa idea según la cuál los nacionalistas periféricos pueden seguir estableciendo unilateralmente sus propios privilegios.

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    • Estimado Evelio, gracias por intervenir. Yo no sé si merezco o no la etiqueta de “progre”; supongo que depende de cómo se defina ese término, y supongo que según como se defina puede ser, incluso, un cumplido.
      Por lo demás, en su comentario usted comete una falacia muy conocida, la del “hombre de paja”. Esto es, usted se sitúa en una posición fácil para criticarme tras atribuirme unas tesis que yo no he defendido.
      Cualquiera que lea mi entrada sobre Cataluña puede comprobar que yo no digo en ningún momento que España sea un Estado ferozmente centralizado; ciertamente no lo creo y, aunque creo que cierto grado de descentralización es positivo, también creo que en nuestro país se ha producido una cierta multiplicación de administraciones con competencias a veces redundantes, por lo que sería necesario introducir importantes reformas y simplificar las estructuras administrativas españolas. Lo que sí digo es que hay nacionalistas españoles, igual que hay nacionalistas catalanes, vascos o alemanes, aunque ni todos los españoles, ni todos los catalanes, ni todos los vascos, ni todos los alemanes son nacionalistas; afortunadamente no lo son, porque no creo que el nacionalismo, en ninguna de sus versiones, tenga demasiado que aportar a la reflexión política en el siglo XXI.
      Asimismo, cualquiera que lea mi entrada puede darse cuenta de que yo no abono, como usted dice “esa idea según la cuál los nacionalistas periféricos pueden seguir estableciendo unilateralmente sus propios privilegios.” Más bien propongo una estrategia para neutralizar una particular forma de imponer la agenda nacionalista al Estado, una estrategia que tiene ciertas semejanzas con las utilizadas por Canadá y, más recientemente, por el Reino Unido, dos países que han conseguido combinar pragmatismo y respeto a la legalidad para afrontar los retos de respectivos movimientos secesionistas.

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